Emanuela Franchin

 

Vive y trabaja en Vigonovo.

Sus primeros pasos en el mundo de la pintura los realiza siguiendo un curso Bienal de diseño. Sucesivamente, encontrará artistas de renombre que la introducirán en el mundo del arte, con los cuales compartirá la expresión artística  que en ese mismo proceso ella desarrolla.

Su primer maestro fue Maurizio Piovan, de origen Veneto, que la formó en el uso del color. Le seguirá Mario Salvo, Romano de renombre internacional, quien la ayudará a afrontar un verdadero y contundente cambio radical en su técnica y estilo, enseñándole a dominar la espátula.  La pintora comienza a separarse progresivamente de la representación de figuras y de naturalezas muertas, sin negar el impacto naturalista de base, que continúa cultivando gracias a la larga y disciplinada educación que recibe sobre el color. La espátula, instrumento clave de sus ejercicios, le permite obtener efectos de espacialidad con estratigrafías cromáticas ligerísimas y transparentes veladuras de color que, superpuestas, sugieren la profundidad, desarrollando en la pintora un conocimiento de la luz totalmente distinto.

 

Los colores brillan y se visten de infinitos matices, dando excelencia a la imagen: el rojo y el verde en particular modo, como es  bien sabido, fueron privilegiados por  Paolo Veronese. Ellos conviven en mutua complicidad con tonos de un tenue azul y variados en un sistema tonal, dignos de la más  competente tradición Veneta.

Mario Salvo, óptimo conocedor de la espátula, habla de ella en estos términos: “Impalpables veladuras  se contraponen a los plasmáticos golpes de espátula, llenos de fuerza y vigor, donde el amasijo de materiales se funde con el lienzo tomando forma. Es así que las obras de Emanuela, generadas gracias a la fusión de múltiples cromas, palpitan un tejido intelectivo a través de sombras tonales que intersectan un nódulo de luz talladas con una miríada de tintas y medias tintas. Otorgándole a su trabajo un valor altamente emocional.

Entre las numerosas y calificadas referencias bibliográficas se cita el Catálogo del Arte Moderno de la Editorial Giorgio Mondadori.

(Catalogo dell’arte Moderna dell’editoriale Giorgio Mondadori)

Vibraciones Cromàtica

He siempre sostenido y creo firmamente en ello, que los encuentros en la vida no se producan nunca por casualidad . . .

Fue justamente su maravillosa fuerza anímica y su amor por el arte la fuerza que la impulsó a buscarme.   Modelada a través de conceptos ancestrales , ella se formó en el seno de una familia simple y honesta, Emanuela debió enfrentar en joven edad la figura paterna, un trabajador incansable, pero que no compartía su concepción del mundo a colores y por ende no le brindó la contención necesaria.  Tenía la certeza de que se trataba solo de frivolidades, inciertas y no aptas a una mujer que no puede perder su tiempo y principalmente dinero...

Emanuela Franchin

Un maestro romano bastante conocido tanto en el ámbito nacional como internacional le enseña el uso de la espátula. De origen veneciano, se ocupa inmediatamente de la temática del paisaje, como le sugiere la noble  tradición veneciana , un paisaje transfigurado en sus lineamentos naturales en luces y colores.  A través de incesantes ejercitaciones adquiere el manejo del instrumento, alcanzando la profundidad que conlleva la inspiración pictórica , que permite  la  comprensión de la función estructurante de la luz, que en la dimensión de la pintura la vemos evidenciada en ligeros y transparentes  velos crómaticos:  que se extienden unos sobre otros sugiriendo profundidad.  El  color “a velos” no es una invención moderna, ya que ha sido introducida por uno de los pintores venetos más enigmáticos del mundo, Zorzi de Castelfranco, llamado el Giorgione, que vivió en el siglo XV.

Retomada posteriormente por Tiziano y por Paolo Veronese, la técnica continua siendo un pilar inconfundible de la buena pintura sobretodo en nuestro tiempo.

Debemos tomar en consideración que los modelos antiguos no utilizaban la espátula sino el pincel y éste no es un detalle de poco valor, ya que con la espátula es mucho más difícil crear estas sutíles capas que llamamos “velos”.

Emanuela Franchin demuestra no sólo un buen conocimiento del arte pictórico en sus antiguas y exquisitas tradiciones, sino también una habilidad técnica que la diferencia del resto de los artistas contemporáneos, en cuanto ha sabido atesorar los conocimientos del pasado, adaptándolos a los procedimientos modernos con una visión artística, moderna y creíble.

Los colores, de hecho, brillan y se visten de infinitas esfumaduras en una gama modulada, dándole excelencia a la imagen, como es implícito en la herencia artística que ella recoge.  El rojo y el verde, que, como se sabe eran los colores preferidos del Veronese, conviven en cambiante complicidad, junto con los azules blandos y variados, en un sistema de tonalidades, digna de la más  acreditada  tradición pictórica de todos los tiempos: la veneta.

 

©2013 Giulia Sillato, storico dell’arte di scuola longhiana

La artista, como se ha dicho anteriormente, es discípula de uno de los más grandes expertos de espátula que existen en la escena contemporánea, de quien ha completamente aprendido y adquirido la técnica del acabado estratigráfico a veladuras sobrepuestas, especialidad del Maestro Romano Mario Salvo; pero el instrumento, aplicado a este gran ejemplo de  pintoresquismo veneciano, ha dado resultados sorprendentes, focalizando el ojo del observador en espacios infinitos e inalcanzables, al menos solo a través del uso de la imaginación iridiscente de quien los ha concebido.

 

Giulia Sillato,

CAM n. 48,  Ed. Mondadori 2012

Esta obra mide el perfecto sentimiento de pertenencia que solamente posee el pintor Veneciano; ya que dicha herencia viene transmitida través del propio ADN a una paleta de colores donde únicamente hay lugar para los cromas granulosos y luminosos, que en el cuadro que se encuentra aquí al lado, han sido obtenidos gracias a esa particular gradación de color, intermedia entre el rojo y el naranja, que exclusivamente en el ojo de un veneciano puede existir: son las luces de Venecia, las responsables de esas transparencias inéditas que modelan los colores innatos de las atmósferas que vienen sugeridas por el ambiente.